Un proyecto frente a la costa de California quedó en el centro de una nueva batalla entre Donald Trump y el estado. El gobierno californiano acusa a la administración federal de utilizar US$120 millones para ponerle fin a un parque eólico marino que prometía generar energía y miles de puestos de trabajo.

Hay peleas políticas que se quedan en Washington. Y hay otras que terminan afectando inversiones, empleos y proyectos millonarios.
La nueva disputa entre California y Donald Trump pertenece claramente a la segunda categoría.
El estado llevó a la administración Trump ante los tribunales por un acuerdo de US$120 millones que terminó con uno de los proyectos de energía eólica marina previstos frente a la costa californiana.
El protagonista de esta historia es Golden State Wind, una compañía que tenía previsto desarrollar un enorme parque eólico frente a Morro Bay, en la costa central del estado.
Y detrás del conflicto aparece una pregunta que divide cada vez más a Estados Unidos: ¿hacia dónde debería ir la energía del país?
Una inversión que quedó en suspenso
El proyecto no era pequeño.
El parque eólico tenía previsto alcanzar una capacidad de aproximadamente 2 gigavatios, suficiente para convertirse en una pieza importante dentro de los planes de California para ampliar su generación de energía renovable.
Pero el proyecto terminó frenado después de que el gobierno federal acordara pagar US$120 millones para que Golden State Wind abandonara su contrato de arrendamiento.
Para California, ahí está el problema.
Las autoridades estatales consideran que la operación fue perjudicial para los intereses del estado y decidieron recurrir a la Justicia para intentar revertirla.
El costo que preocupa a California
El gobierno californiano sostiene que el impacto no se limita a la cancelación de un parque eólico.
El proyecto estaba asociado a inversiones en infraestructura, capacitación y desarrollo de proveedores.
Uno de los puntos que más preocupa al estado es la pérdida de unos US$30 millones previstos para programas de capacitación laboral, desarrollo de cadenas de suministro y beneficios para comunidades locales.
Es decir, detrás de los aerogeneradores había también una apuesta por crear una nueva industria y nuevos puestos de trabajo.
Y California no quiere que ese dinero desaparezca junto con el proyecto.
La energía vuelve a enfrentar a Trump y California
El conflicto también tiene una dimensión política evidente.
California lleva años apostando fuerte por las energías renovables y por reducir su dependencia de los combustibles fósiles.
Trump, en cambio, ha impulsado una política energética mucho más favorable al petróleo, el gas y otras fuentes tradicionales, al mismo tiempo que su administración ha cuestionado proyectos de energía eólica marina.
Por eso, lo que ocurre frente a Morro Bay es mucho más que una disputa por un contrato.
Es otro capítulo de la guerra política entre Washington y Sacramento sobre cómo debería producir energía Estados Unidos.
¿Qué puede pasar ahora?
La demanda presentada por California busca que el acuerdo sea declarado ilegal y que se mantenga el arrendamiento que permitiría desarrollar el proyecto.
Mientras el caso avanza, el futuro del parque eólico queda nuevamente en manos de los tribunales.
La discusión promete ser larga porque hay mucho más en juego que una cifra de nueve dígitos.
Hay inversiones, empleos, energía y una industria que California considera clave para su futuro.
Y, una vez más, Trump y California terminan frente a frente en los tribunales.
Esta vez, la batalla no es solamente política.
Se libra por los millones que están detrás de la energía que encenderá las luces de Estados Unidos en los próximos años.