
Nueva York vuelve a convertirse en una enorme pantalla. El Festival de Cine de Nueva York, uno de los encuentros cinematográficos más importantes de Estados Unidos, celebra una nueva edición mirando hacia atrás, pero sobre todo preguntándose hacia dónde va el cine.
La historia comenzó en 1963, cuando unas 2.300 personas colmaron una sala del Lincoln Center para asistir a la primera edición del festival y ver El ángel exterminador, de Luis Buñuel. En una época en la que muchas películas internacionales podían tardar años en llegar a las salas estadounidenses, el festival nació con una premisa clara: llevar a Nueva York películas que no necesariamente encontraban espacio en el circuito comercial.
Más de seis décadas después, el espíritu continúa, aunque el escenario cambió por completo.
La edición 2026 del New York Film Festival se desarrolla del 25 de septiembre al 12 de octubre y reúne más de 70 largometrajes de ficción y documentales, además de cortometrajes, retrospectivas y encuentros con realizadores. Las proyecciones se extienden por distintos puntos de la ciudad, con Lincoln Center como uno de sus principales escenarios.
Del cine de autor a Godzilla
Si hay una imagen que resume la amplitud de esta edición, es quizás la convivencia entre cine de autor, grandes nombres de Hollywood, documentales políticos y… Godzilla.
El monstruo japonés tendrá su gran momento con el estreno mundial de Godzilla Minus Zero, dirigida por Takashi Yamazaki, continuación de la premiada Godzilla Minus One. La película está ambientada en 1949 y vuelve a colocar al monstruo dentro de una historia atravesada por las consecuencias humanas de la posguerra.
Pero el festival también apuesta por nombres como Pedro Almodóvar, Mike Leigh, Ryûsuke Hamaguchi, Andrew Haigh, Ava DuVernay y Chris Rock, entre muchos otros.
La película de apertura fue Paper Tiger, de James Gray, mientras que 14th, el nuevo documental de Ava DuVernay sobre la 14ª Enmienda de la Constitución estadounidense, será la película de clausura.
Hollywood frente al espejo
Y acá aparece una de las grandes preguntas que atraviesan esta edición:
¿Qué lugar ocupa el cine en una industria dominada cada vez más por las plataformas?
El Festival de Nueva York parece responder desde su propia programación: el cine todavía necesita de la experiencia colectiva, de la pantalla grande y del encuentro entre espectadores y realizadores.
Pero, al mismo tiempo, tampoco puede ignorar las transformaciones tecnológicas que están cambiando Hollywood.
Una de las películas que más llama la atención es Artificial, de Luca Guadagnino, protagonizada por Andrew Garfield y Yura Borisov. La historia gira alrededor de Ilya Sutskever, Geoffrey Hinton y Sam Altman y reconstruye parte del nacimiento de la inteligencia artificial moderna y de OpenAI, poniendo en escena el cada vez más difuso límite entre humanos y máquinas.
Es decir: mientras Godzilla vuelve a demostrar que los monstruos gigantes todavía tienen lugar en la pantalla grande, la inteligencia artificial se convierte en uno de los protagonistas más reales —y polémicos— del presente.
Cuando el cine también habla del mundo
La programación tampoco esquiva los temas que atraviesan la actualidad internacional.
Entre las propuestas aparece NAZA, documental que aborda la destrucción en Gaza. También hay películas vinculadas con la guerra en Ucrania, el exilio, los movimientos sociales, la política estadounidense y las transformaciones culturales de nuestro tiempo.
Y quizás ahí esté la verdadera vigencia del Festival de Cine de Nueva York.
En tiempos de algoritmos que deciden qué vemos, plataformas que ofrecen miles de títulos desde el living de casa y una industria que todavía intenta encontrar el equilibrio entre las salas y el streaming, Nueva York propone volver a mirar películas juntos.
De Buñuel a Godzilla. De la política a la inteligencia artificial. De los grandes nombres de Hollywood al cine que probablemente nunca llegue a ocupar el primer lugar en un algoritmo.
Porque quizás la pregunta no sea si el cine va a sobrevivir al streaming, sino qué tipo de experiencia queremos seguir llamando cine.
Y Nueva York, una vez más, parece haber decidido que la conversación todavía merece una pantalla grande.